Joanna Di Grigoli: Bitácora de un vuelo de 400 kilómetros

Joanna Di Grigoli se convirtió en el primer venezolano, en lograr un vuelo de 400 metros de distancia en parapente. Además de récord nacional, el vuelo es récord suramericano y estuvo a tan solo dos metros de la marca mundial. Desde Nice, Francia, donde reside, la caraqueña relató a Marca Vinotinto, el histórico vuelo en Quixadá, Brasil.

 

“La idea era tratar de hacer tres récords mundiales. El de distancia abierta. El de distancia a golpe fijado y el de vuelo libre con tres puntos de giro.

 

El primer día solo pensaba hacer un vuelo piloto y terminé haciendo 306 kilómetros, para romper mi récord personal. Y allí me di cuenta de que entendía, cómo funcionaba el lugar.

Hice varios días con distancias variables. El último día ya había desistido de los dos últimos récords. Hay que conocer bien las zonas para hacer esos récords: ¿cómo van las corrientes de aire?. Yo en cada vuelo estaba descubriendo el lugar. Además es un lugar con pocos relieves y uno puede volar en tantas direcciones. Uno vuela en el mismo sentido, siempre hacia el oeste, pero no me sentía en capacidad para fijar una ruta sin conocer el lugar bien.

 

Salí el último día ya sin ninguna expectativa. En el despegue me habían dicho que el día pintaba muy bien. Que el viento se iba a acelerar a medida que avanzaba el día. Eso es una buena señal. Entonces despegue muy temprano. A las 7 de la mañana. Por la zona, es mejor despegar temprano y luego de esperar ya en vuelo, se empieza a hacer distancia.

 

El día estaba bien tapado, con mucha nube. Y eso puede ser peligroso o puede causarte un vuelo corto. Arranqué con un grupo, el segundo del día que despegó. Los primeros 50 kilómetros fueron muy fáciles. Estaba aún muy cubierto el cielo, pero estaba funcionando mejor de lo que esperaba. Si me di cuenta, que había más viento que los días anteriores.

Cortesía Joanna Di Grigoli

Como a los 70 kilómetros, que siempre es muy crucial, es como un filtro, ya se había abierto mucho el día. En este punto había un “hueco azul”, lo que significa que no hay nubes. Al no haber nubes, es más difícil navegar y saber dónde están las térmicas para tomar altura. Unos aterrizaron y a los compañeros míos los perdí.

 

Seguí andando. Fui a una cordillera a tomar altura y me di cuenta que el viento levantaba el polvo de forma más horizontal. Empecé a tomar altura y no me funcionó al principio. Seguí más adelante y verifiqué que había mucho viento, pero no quería aterrizar en ese valle. Tomé altura, decidí seguir y verifiqué que el viento estaba bien fuerte.

 

Continúe y ya estaba preocupada porque había mucho más viento con el que acostumbro a sentirme más cómoda. Entonces llegué a la conclusión que era más seguro seguir volando. Aterrizar así puede hacerte aterrizar en retroceso. En una zona donde hay muchos arbustos y muchos cujíes. Puedes hacerte daño y dañar el equipo además.

 

En cada valle que pasaba me di cuenta de que el viento era cada vez más fuerte. Seguí volando simplemente esperando que el viento mermará y pensando simplemente en tomar buenas decisiones.

 

Avancé a 100 kilómetros y se abrió una llanura gigantesca y allí aún todo funcionaba bien. Cuando llegué a los 200 kilómetros, pensé que el viento iba a calmarse como usualmente lo hace. Empieza una meseta muy bonita, luego de la llanura, y el viento se hace más fuerte. Había un incendio grandísimo. No me gusta volar dentro de los incendios, porque hay mucha turbulencia. Me puse a un lado del incendio, pero era tan fuerte que la columna de humo era horizontal. Para estar así, significaba que había mucho más viento. Y efectivamente llegué a volar a unos 100 kilómetros por hora, que para un parapente, es mucho. Es rapidísimo.

 

Seguí girando usando las térmicas que encontraba. Para los 300 kilómetros, vi que el viento había bajado. Me relaje un poco, comí, tomé agua. Y bueno, me dije que ya podía disfrutar el vuelo. El día seguía completamente azul y es más difícil navegar porque las nubes usualmente se alinean y hacen como una calle. Sin nubes, tienes que ver los colores del terreno, los contrastes del terreno, los relieves pequeños, también los pájaros ayudan, en este caso los zamuros. Ya estaba disfrutando y tomando fotos, cuando vi la hora y aún era temprano y empecé a sacar cuentas de que si podía llegar al récord.

Me di cuenta de que había que acelerar el paso en cuanto a tomas de decisiones. Volar rápido no es solamente volar rápido en cuanto a kilómetros, sino en la toma de decisiones. Así lo hice, empecé a volar más rápido. Llegué hasta los 380 kilómetros. Vi unas nubes lejanas como a los 400 kilómetros y vi que me estaba acercando y que me estaba acercando al récord. Finalmente logré estar en el punto más alto de todo el vuelo. Eran las 4:30 de la tarde y llegué a estar a casi 3.400 metros de altura. Y de allí planeé y encontré una térmica después, que me dio la esperanza de llegar al récord, pero lamentablemente me abandonó. Y se acabó el impulso. Había unos incendios pequeños más adelantes, pero el día ya se estaba apagando. Eran casi las 5:30 de la tarde y el sol se puso ese día casi a las 5:47, y uno debe aterrizar máximo media hora después de la puesta del sol. Por temas de validación del vuelo y por seguridad.

No encontré más viento con los pequeños incendios y simplemente me puse lo mejor posible con viento a favor para estar alineada con el viento y aprovechar el planeo final. Y creo que fue el planeo final más largo de mi vida. Llegué a la 400 kilómetros, pero ya estaba terminando de aterrizar. El viento ya era escaso y casi no había sitio para aterrizar y descendí finalmente.

 

Confieso que tenía sentimientos encontrados. Estaba súper contenta porque de verdad son pocas personas en el planeta tierra, no solamente mujeres, que han volado 400 kilómetros. Calculo que son unos 50 en todo el mundo. Estaba contenta por superar esas condiciones tan difíciles sobre todo al principio. De mucho viento y turbulencia, que de verdad que me sacó de mi zona de confort y que fue un reto para mí como piloto. Digamos, confrontar mis miedos y no dejar que me dominarán, para seguir volando. Pero estaba triste, porque fue como haber nadado tanto, para morir en la orilla. Solo me faltaron dos kilómetros para romper el récord mundial. Allí pensé que no debía pensar en cosas negativas, sino sentirme contenta por qué acababa de hacer algo increíble. Un vuelo espectacular. Disfruté el momento y hasta ahora no me lo creo.

 

También muy conmovida porque pilotos de muy alto nivel me han escrito felicitándome y bueno, es bonito de que la gente se alegre con un triunfo como éste. Ahora a disfrutarlo y hacer la parte engorrosa de certificar el récord ante la Federación Internacional de Parapente”.

 

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