¿Periodismo y Campañas?

Recientemente se ha extendido la idea de que hay una campaña para fomentar la presencia de determinados jugadores en la Selección Nacional de Voleibol que asistirá a los Juegos Olímpicos de Tokio.

En principio, entendemos que es uno de los peores momentos para buscar concretar este tipo de acciones. Pandemia, situación económica, política y social del país, para caracterizar el punto en pocas palabras. La opinión pública nacional está enfocada en otros temas, en muchos casos, hasta de simple supervivencia, además en un territorio con medios de comunicación limitados en su alcance y una conexión a internet “adecuada” para solo 15% de la población.

Sumado a esto el calendario internacional del voleibol, apenas da señales de reactivación y con la, esperamos, salida de la pandemia, vendrá el tiempo de las ligas internacionales.

El “nuevo periodismo de redes”, donde los entrecomillados y transmitir la opinión de los personajes en cuestión, se va diluyendo, ha generado un “debate”. Creo que ha sido más un “debate” de egos e intereses, que un verdadero debate. Además, por las vicisitudes técnicas expresadas anteriormente, ¿cuántas personas participan y se hacen eco de ese “debate”?

¿Qué todos los jugadores aptos, tienen la posibilidad de sumarse al equipo? Por supuesto. Pero apunto algo, ya una plantilla, con nombres y apellidos, se ganó el cupo. Para empezar, respeto.

Por otro lado, algunos de los señalados para integrarse al equipo de cara al Preolímpico de Chile, justificado o no, con sus razones, no se sumaron. Incluso hay casos que se vieron apoyados en ese vicio moderno del periodismo de redes: “más adelante explicaremos porque…”.

Si hay nombres con posibilidades de integrar la lista definitiva a Japón, como: Thomás Ereú, Andy Rojas, Ernardo Gómez, Iván Márquez, Luis Díaz, también debería tenerse un poco de respeto por los Jesús Chourio, Héctor Salerno, Alberto Briceño e Iván Fernández, solo por colocar algunos nombres en la mesa.

En lo personal, uno de los éxitos de la actual selección con cupo olímpico, fue no caer en discusiones ni contestaciones. Incluso, tras el logro, no se dejaron llevar por “venganzas”, “recordatorios” o “frases épicas” de mensajes clasificados. Si ya funcionó una vez, ¿por qué cambiarlo?

Ahora bien, al final del día hay un seleccionador nacional llamado Ronald Sarti. Si el DT decide que la plantilla a Tokio se decide solo por nombres, perfecto. Tendremos que enviciarnos con el también: “me cuentan”, “me dicen que”, para evitar justificar con entrecomillados que un equipo nacional se decida por el currículo y no por las condiciones físicas y técnicas llegado el momento. Hasta donde conozco, Sarti no se maneja así.

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